El Nissan GT-R lleva años ocupando un lugar muy particular dentro del automovilismo moderno. No tiene la elegancia clásica de un europeo ni la discreción de un gran turismo refinado. Lo suyo siempre ha sido otra cosa: tracción, electrónica, potencia y esa sensación de coche diseñado para humillar rivales más caros.
El deportivo japonés que convirtió la tecnología en intimidación
En esta versión de 2017, el GT-R ya era una máquina madura, más afilada visualmente y con una imagen muy reconocible para cualquier aficionado a los deportivos japoneses modernos. El rojo le sienta especialmente bien porque refuerza toda la tensión de las líneas y la anchura de la carrocería.
Escala 1/24: una puerta de entrada muy agradecida al coleccionismo
Bburago trabaja esta miniatura en una escala muy cómoda para empezar colección: suficientemente grande para disfrutar detalles móviles y suficientemente compacta para no exigir grandes vitrinas. Es una pieza fácil de exponer junto a otros deportivos modernos o coches japoneses actuales.
Un GT-R pensado para llamar la atención incluso parado
Este modelo tiene esa energía típica del GT-R: parece rápido incluso quieto. Funciona muy bien en colecciones JDM, vitrinas de superdeportivos modernos o junto a otros iconos japoneses de los últimos años.